
AUYANTEPUI
EXPEDICIÓN
La tripulación del Tintamare está de vuelta tras su aventura en el Auyantepui, en el Parque Nacional Canaima, en el corazón de Venezuela. Diez días de expedición por una de las formaciones geológicas más antiguas de la Tierra.
Los tepuyes son fortalezas de paredes verticales e inaccesibles y ecosistemas detenidos en el tiempo que inspiraron "El mundo perdido" de Conan Doyle, , la película "Up" de Disney y muchas otras superproducciones.
Desde su cumbre se precipita el Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo con 980 metros. Los pemones lo llaman Kerepakupai Vená, que significa "río, pozo y salto"; sin embargo, es más conocido por la mayoría como Salto Ángel en reconocimiento a Jimmie Ángel, el piloto y explorador que lo dio a conocer al mundo en 1933.




Nuestra travesía comenzó en la comunidad pemona de Uruyén. Caminamos por la sabana hasta la base del Auyantepui, a unos 12 kilómetros, y desde allí ascendimos hasta la primera "terraza".



Los pemones son los pobladores originarios de la Gran Sabana y las tierras del Parque Nacional Canaima. Como todos los indígenas del norte de Suramérica, pertenecen a la etnia caribe y son los guardianes de estas montañas, valles, selvas y ríos.
Los siguientes días seguimos avanzando hasta la tercera terraza, lo que sería su parte más alta (unos 2.500 m s. n. m.), adentrándonos cada vez más en la meseta de ese fabuloso universo tepuyero.

Toda la logística de esta expedición fue posible gracias a nuestro amigo, fotógrafo y "tepuyero" Henry González (IG: @eltepuyero) y al super equipo de @exploratreks, Mario Osorio, Antonio Nicolás (IG: @pemon_machine) y Andrés "Palmera", junto al apoyo vital del pueblo pemón y al maravilloso grupo de valientes intrépidos que nos aventuramos a subir, cruzar, y descender el Auyantepui.





El Auyantepui, el más colosal de todos, corona los 2.535 metros de altura con una superficie de 705 km² —para que os hagáis una idea, su superficie en la cima es comparable a islas como Menorca o Margarita —. Allá arriba el paisaje se transforma en un "micro planeta" inexplorado de valles, montañas, formaciones rocosas, ríos y pozos agua de aguas rojizas ricas en minerales.

Los pemones son los guías y porteadores de la expedición, no hay que olvidar que llevar provisiones, carpas, y materiales como cuerdas para los rápeles requiere de mucha organización y también gente.
Así que además de llevar nosotros nuestra mochila [unos 15kg] el grupo de porteadores carga aproximadamente 30kg cada uno, pero ellos en sus "guayares" hechos de fibra naturales. Verlos trepar y caminar por paredes y rocas con esa agilidad y cargando ese peso es impresionante y te hace ver como esa gente se siente cómoda en su medio y territorio. Sin su ayuda, esas expediciones son prácticamente imposibles.


Al día siguiente, muy temprano, empezamos a caminar en silencio y emocionados hacia la cornisa donde iniciaría nuestro descenso de las nubes en rápel: 900 metros de caída libre, colgados sobre la inmensidad del paisaje y con el Salto Ángel como testigo.


Siete días y siete noches trepando muros de piedra, sorteando grietas y rocas, cruzando ríos caudalosos, hundiéndonos en barro hasta la cintura y caminando por una selva húmeda que solo existe en ese lugar. Una exigente, y a la vez hermosa y casi onírica vegetación en la que uno avanza con mucho esfuerzo y agradecimiento al tepuy por dejarnos pasar. No hay que olvidar que los tepuyes son considerados territorios sagrados, llenos de espíritus y respetados por sus pobladores milenarios.







Un paisaje que, a medida que uno asciende, va tomando su verdadera dimensión. Cuesta entender que arriba existan picos, valles, bosques, cuevas, ríos, cascadas y pozos de aguas rojizas ricas en minerales; todo un mundo de escenarios nuevos y maravillosos. Uno mira al horizonte y todo lo que alcanza la vista es "territorio tepuy"... un "micro planeta" inexplorado, un mundo sobre otro mundo: ¡mágico, único y colosal!




Siete días caminando con atención plena entre una flora única y paisajes que parecen salidos de la película Avatar, descubriendo e intentando retener en retinas y cámaras la belleza de esa vegetación que solo existe allá arriba; especies que el tepuy esconde como un tesoro. Sin duda días y noches que nunca vamos a olvidar.
Y llegamos al campamento del cañón del río Churún. Nuestra última noche sobre el tepuy la pasamos escuchando la fuerza del agua corriendo entre las paredes talladas, formando el cañón desde el que se precipita el Salto Ángel. Sin palabras...












Dos días más descendiendo hasta llegar a la base, completamente felices y extasiados tras esta experiencia mítica, difícil de igualar.




Ya una vez abajo y como broche de oro, navegamos en curiaras por el río Churún, que posteriormente se une al río Carrao, hasta llegar a Canaima. Las curiaras son botes hechos de un solo tronco y algunas pueden medir hasta 30 metros de largo.




Este descenso por los rápidos de los ríos tomó varias horas, siempre rodeados por las paredes de estos castillos de piedra, hasta un punto donde no es posible avanzar más debido a las inmensas cascadas que caen formando la laguna de Canaima.


Fotografías de la fotógrafa Mercedes Vega. (IG: @mercedesvegaphoto)
Fotografías de la fotógrafa Mercedes Vega. (IG: @mercedesvegaphoto)
Fotografías de Mario Osorio IG: @_mario.osorio y de Hernando Arnal.
EXPEDICIÓN AUYANTEPUI
Expedición de la tripulación del Tintamare. 10 días atravesando el Auyantepui, uno de los lugares más salvajes y antiguos del planeta. Selva, rappeles, cuevas suspendidas y el descenso junto al Salto Ángel en una expedición inolvidable por el corazón de Canaima. ⛰️🌿
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